Te cuento una historia?

una dosis de momentos mínimos

De Bebidas y momentos

El astro, Sebastian Moon, supo decir alguna vez que todo obedece a una gran injusticia llegadas las 5 de la madrugada.
Esa hora nefasta señala que toda acción, por mas honrosa que sea, se vuelve un acto de impecable inutilidad.

Es sabido, ralata Moon, que ni siquiera los nobles licores escapan a este augurio. Después de las 4 de la mañana, todo alcohol cobra un sabor pésimo.

Un gusto a penas y amarguras.

Fin del mundo

Anoche soñé con el fin del mundo. Caía la tarde y estaba en mi balcón disfrutando de la vista. Un placer que al estar tan cerca de mi mano, pocas veces me tomo el tiempo de apreciarlo.

El cielo se distinguia por los edificios y arboles que dejaban verlo. El paisaje urbano que tanto me gusta.

Las estrellas empezaban a asomarse y el viento, sospechosamente, cambió de dirección.
Noto, luego de un rato, que el cielo se movia rapido, rotaba, temblaba, giraba.
Todo lo demás estaba quieto, pero las estrellas, nubes, luna y todo lo que abarcaba el cielo… se movia.

Deduje, en ese momento, que así será el fin del mundo.
El día que dejemos de movernos.

De regresos y desconocimientos

He tenido este espacio en pausa desde hace ya demasiado tiempo y debo confesar que los silencios aun no me han dado la respuesta a la pregunta que mi ausencia me ha generado.

En mi carácter de moderno optimista, creo fervientemente que esa respuesta no llegará de otro modo mas que por el camino de la reflexión.

Puesto que aun así, luego de esta pausa que por momentos se me hizo eterna (y por otros llevadera), no logro descifrar si ciertas ideas que en el pasado poseía, hoy siguen vigentes…

Siento que he regresado al lugar que jamas abandoné, y aun así, desconozco de todo lo que me rodea.

Tal vez Sebatian Moon tenía razón después de todo, nunca se regresa de ninguna parte.

Aclaración. Declaración.

Que las ausencias y retrasos no confundan.
No es que no tenga nada que decir, sino que estoy buscando la mejor manera de decirlo.

Los blogs se modifican… el autor, también.

Sigan leyendo las cosas viejas, que la literatura no obedece al paso del tiempo.

Guía para la vida o instrucciones para pedir la cuenta en un café Havanna

  1. Pretenda prisa y urgencia por estar en otro lado. Las personas importantes no pierden tiempo y nunca esperan, sino que se hacen esperar. Con la frente en alto llame al mesero o mesera que lo atendió.
  2. Dependiendo de si es zurdo o diestro, escoja un brazo. Luego extiendalo un poco por encima de su frente y empuñe suavemente la mano. A la vez, acerque los dedos pulgar, índice y mayor hasta que las tres yemas se toquen, como si sostuviese una lapicera imaginaria. Una vez lograda dicha posición, realice un leve vaivén de izquierda a derecha, como si estuviese firmando el aire. La persona que lo atendió comprenderá perfectamente la seña indicada y comenzará el proceso de adición correspondiente a su mesa.
  3. Relaje su mano y baje su brazo. Respire con la confianza de aquellos que han sido iluminados. La confianza que sólo se consigue con las órdenes dadas sin mediar palabra alguna.
  4. Para apresurar el procedimiento, comience a seguir con la mirada al mesero. Esto provocará en el susodicho una presión y además lo educará, puesto que le señalará cuál es su posición en este mundo, que lugar posee en la cadena alimenticia y que tan cerca está de la base piramidal del éxito.
  5. No lo mire con tanta intensidad. Pensará que lo está seduciendo.
  6. El total de lo consumido, también conocido como “la cuenta“, se manifestará frente a usted en forma de un pequeño rectángulo de papel con inscripciones esotéricas impresas en tinta sutil. Allí se detallará lo que consumió y otra serie de datos que nada tienen que ver con la vida. No malgaste su tiempo leyendo. Dirija su mirada hasta el final y notará la suma a pagar.
  7. Cuente lentamente sus billetes y siempre deje una suma mayor al total de lo que “la cuenta” reza. Si se siente generoso, puede obsequiar el excedente como propina, demostrando así que los grandes no se han olvidado de aquellos que padecen injusticias.
  8. Ejerciendo una fuerza desde sus pies, inclínese verticalmente y levántese de la silla. También puede apoyar las manos sobre la mesa y así mantener un balance, aumentando la gracia al elevarse. Bien se sabe que solo las personas sofisticadas como usted logran movimientos agraciados aún en las más simples acciones.
  9. Distinga la salida y diríjase hacia ella con una sonrisa satisfactoria. La sonrisa que tienen los vencedores una vez que consiguen pagar por el servicio que han escogido.
  10. Una vez afuera, disfrute de la vida. Lo ha logrado. Ha honrado el establishment. El mundo será, gracias a usted, el mismo lugar que ayer.

Crónicas Absurdas: “Corazones muertos”

– I – El llamado

Ante el vacío que llenaba la hoja en blanco, el Artista se vió obligado a llamar a la dama de las inspiraciones.
Y la dama apareció, le acarició el rostro y dijo…

– II – La Musa comienza a hablar

Lo peor de los corazones muertos, es su naturaleza acabada.
El bombeo de sangre libre de corrupciones.
El néctar carmín que continúa su danza,
perdurando la existencia y la pesadez del aire vacío.

Lo peor de los corazones muertos, es la indiferencia.
Cuando ya no queda mugre en el barro del hastío.
Y ni las penas o las miserias encuentran lugar
en el armario de las verdades que no se dicen.

Lo peor… son los silencios que rompen el letargo.
La calma que carece de tragedia o de bienestar.
Aquella que no apacigua, puesto que no hay furia contenida.
El espacio, tal vez soez, entre la guerra y la paz.

Lo peor se encuentra en las miradas que no hablan.
En los ojos que no oyen y en las palabras que no tocan.

Lo peor son los “sin embargo” que parecen “tal vez“.
Las afirmaciones que no contradicen…
El cáncer que no llega a enfermar ni aleja a la muerte.

Aún así, y por sobre todo lo demás…
Lo mejor de los corazones muertos,
es que rara vez vuelven a latir.

Era de noche y estaba descorazonado, mi mente y los latidos: mi única compañía… a grito desesperado alcé mi pluma, para que su tinta desangrara mis crónicas absurdas.

Lo que me quedó de TEDx

El pasado Jueves 8 de Abril tuve el agrado y privilegio de formar parte de los 1400 afortunados en asistir a la primera edición de TEDx en Buenos Aires.

No voy a reparar en explicarles que es TEDx. Si desean saber de qué hablo, investiguen o lean hasta el final.
Para aquellos que sí saben, les narraré con humildad y –espero– cierta gracia mi experiencia en este evento.

Las expectativas eran altas. Hace tiempo que sigo las charlas de TED.com y la maravillosa idea de recrear estas charlas en mi ciudad era algo que me motivaba de manera especial.

Por razones que no valen la pena nombrar, hasta el día del evento, todo lo relacionado específicamente con la temática de las charlas me era incierto. No poseía idea alguna de con qué me iba a encontrar. Pude vislumbrar, con cierto esfuerzo, que dado los oradores invitados no iba a tener oportunidad de presenciar charlas de Diseño. Temática por la cual me acerqué a TED en un principio.

Sin embargo, esto no me molestó. TED se trata de eso. De aceptar nuevas formas de pensar. De descurbrir nuevos gustos. De modificarse. Y sobre todo, TED trata sobre el pensamiento en su mas puro estado, el pensamiento que no teme ser expuesto.

No me quiero detener en cada una de las charlas. Sí les aseguro que todas fueron por demás interesantes y amén de algunos nervios notorios por parte de los oradores o de innecesarias bajadas de líneas que poco tiene que ver con la inteligencia (sí, el “doctor” K), el resultado que me quedó fue más que positivo.

Por parte de los que organizaron el evento, realmente me quito el sombrero ante todos ellos. Su labor fue impecable. A tal punto que había que estar muy atento a los detalles para no convencerse por un segundo que realmente estaba en una conferencia TED americana.

“¿Qué me quedó de todo esto?” es la pregunta que me hice ni bien salí del predio que hospedó a TEDx.
Salí de allí con una alteración neuronal. Varios chispazos muy estimulantes. Chispas de creatividad, de ciencia, de conciencia social. De mucha conciencia social. Pero sobre todo, con chispas de una cierta esperanza.

Porque puede que al final de todo no estemos rodeados de imbéciles. TEDx demostró que la prensa también puede apoyar a gente con ideas. Con grandes ideas.
Sólo es cuestión de mirar bien y escuchar.

Ahora algunos videos & links.

Sir Ken Robinson sobre cómo el modelo educativo mata la creatividad

Jaime Lerner (Quien estuvo presente en TEDx con una charla casi idéntica)

Philippe Starck piensa profundamente en el diseño

Bar de mala muerte

Un corto que no deja de fascinarme.

De las escondidas [ajenos recuerdos infantiles]

En la plaza donde jugaba de chico había un árbol enorme que ocupaba gran parte de la manzana.

Aquel árbol era el punto de inicio de casi todos los juegos que necesitasen cierta destreza física, tales como las carreras, las escondidas o la mancha.
Los límites y reglas de aquellas mini-competencias también se enumeraban bajo la sombra del robusto árbol.

Era muy difícil no sentirse un gladiador romano. Los juegos y las rivalidades eran realmente feroces.
El ganador, y sólo el ganador, podía acreditarse con tono imperial el título de amo y señor del universo —que en ese entonces se resumía al arbol y el perímetro que ocupaba su sombra—.

Durante los primeros días del verano del ’92 yo estaba en mi mejor momento. Salí ganador de las carreras por un tropezón accidental que tuvo el colorado Gonzales, un muchacho que en ese entonces oficiaba de contrincante.

Íbamos cabeza a cabeza, los dos corríamos como salvajes hasta que sucedió lo inevitable1.

Una piedra ruin —colocada estratégicamente— le ocasionó un accidente, costandole un tobillo y la victoria.

Yo festejé. El colorado lloró y jamás volvió a correr.
Se mudó al día siguiente y nunca más se supo algo de él.

Pues bien, mi condición de ganador me daba la posibilidad de elegir el juego para el día siguiente; por lo tanto seleccioné aquel en donde me sentía más apto, las escondidas.

Todos lo sabían, nadie me vencía en ese juego. Mis escondites eran realmente buenos.

Aún recuerdo la vez que permanecí oculto por el período de dos semanas enteras. Mi dieta a base de chocolate con maní me mantuvieron con la energía suficiente puesto que bien se sabe lo agotador que resulta no estar.

Muchos de aquellos que intentaban encontrarme —acaso aburridos por no hallarme en ningún lugar— comenzaron a pensar lo inevitable, que la tierra me había tragado o, lo que es aún peor, que jamás había existido y tan sólo fui una ilusión colectiva. A los ocho años, la segunda opción suele ser la más razonable.

Al día catorce me aburrí de esperar y salí a la luz. Y ya nada fue igual.

Los más desconfiados sostenían con convicción impecable que yo era otro y que venía en realidad a reemplazar a ese pibe que una vez se escondió y nunca más se volvió a ver.

Fueron años duros. Al principio les discutía. Les presentaba pruebas sobre mi identidad y me sometía a contestar preguntas que sólo yo hubiese podido contestar. Pero todo fue en vano, se negaban a creerme.

Con el tiempo y la insistencia acepté la decisión popular y viví gran parte de mi juventud creyendo que mi estadía en este mundo era pasajera y que estaba constantemente en peligro de modificación. Que algún día aquel que estaba reemplazando iba a volver, y luego tendría que irme en busca de nuevos ausentes para poder justificar mi condición de “otro”.

El tiempo pasó y entre espera y espera supe vivir las experiencias que le hubiesen tocado a ese chico: Me hice amigo de sus amigos y enemigo de sus malandras. Sufrí sus problemas y festejé sus logros. Me enamoré de sus novias y las traté con gentileza. Finalicé sus estudios. Fui un buen hijo para sus padres y también un buen hermano. A veces, por las noches, soñaba sus sueños o me asustaba con sus pesadillas.

Han pasado varias primaveras y es al día de hoy que casi ni recuerdo quien era antes de ser un reemplazante
Pero no importa.

Bien habrá valido la pena cuando llegue el momento en que aquel niño regrese y yo pueda tener la chance de contarle su vida.

Canta el coro:

No podemos saber quienes somos…

Soy un sueño del ayer, una humillación
que viene del pasado.
Un viento que se fue. Un fuego artificial
que se apagó en tu cielo.
Soy una vieja canción,
que ya no cantará tu voz.

— Lírica por Alejandro Dolina.

  1. “inevitable” porque yo lo había planeado []

De muertes y resurrecciones

No es por mera casualidad la recomendación sobre lo oportuno que puede ser resucitar mas pronto que tarde, dado que, como muchos de ustedes saben, todo tipo de regreso se dificulta de manera proporcional al tiempo en que nos encontremos ausentes.

Las antiguas sectas brahmánicas no eran ajenas a este precepto, sin embargo poseían una dificultad técnica a la hora de volver a alguien de la muerte.
La tarea consistía en ponerse frente al finado y recitar de memoria seiscientos pasajes de las secretas escrituras. Al terminar con dichos cantos, el muerto despertaría de su letargo.

Dicha dificultad se presenta mas obvia que sana. Seiscientos pasajes son muchos y la facilidad de olvidarlos es mas cómoda que cualquier deseo de resucitación; tranquilamente uno puede intentarlo, pero hay chances que cerca del pasaje doscientos siete, nos invada la duda y nos preguntemos si vale la pena resucitar al ñato que yace frente a uno.
De más está aclarar que no se conocen casos exitosos.

Los chinos, por otro lado, poseían una practicidad mucho mas aconsejable: el Elixir de la Vida Eterna. Con sólo humedecer los labios en aquella bebida el vivo permanecería así para siempre, el moribundo sanaría y el muerto regresaría a la vida.
Hay, como era de esperarse, ciertas dificultades. En primer lugar, dicho brebaje no posee conservantes de ningún tipo, por lo tanto su preparación siempre ha de ser en el acto, en la mismísima necesidad de eternidad. En segundo – y no menos importante – la receta con todas las instrucciones para su compleja creación posee un carácter de secreto. Sus ingredientes, cómo mezclarlos, la temperatura del agua y demás datos obligatorios son desconocidos por los mortales.
Se cree, no sin cierta astucia, que sólo los ocho inmortales de la China son los dueños de tales secretos.

Sea cual fuese la forma que elijamos, es conveniente no tardar mucho a la hora de regresar de entre los muertos.
Cuánto mas tiempo no estemos, el olvido gana terreno. Por lo tanto, si la resucitación demora demasiado, aquel mundo al cuál ansiamos regresar se habrá modificado sin nosotros, muchísimas costumbres nos serían ajenas, los escépticos dirían que jamás nos habíamos muerto y nuestros seres queridos nos mirarían con ojos extraños.

Esto sólo quiere decir una cosa. La eternidad consiste en lograr no ser olvidado.
Y éste, quien les escribe, ha decidido convertir en inmortales a algunos ausentes.