Breves historias famosas de fantasmas

por Pablo Zárate

Comentario del autor:

Las siguientes historias son interpretaciones libres de viejos y populares relatos fantasmales.
Sin caer en el nefasto terreno de lo paranormal, ruego que posean la mente abierta ante los hechos que contaré a continuación.


· El fantasma de la Torre de Londres

Anne Boleyn fue la segunda de los 5 hijos de Thomas Boleyn, Vizconde de Rochford y primer conde de Wiltshire y de Ormonde, y de Isabel Howard, hija del segundo duque de Norfolk.

Se dice que Anne era una mujer de extraordinaria belleza.
Sus seguidores amorosos decían que tenía unos ojos hermosos, una gracia única, facilidad para tocar instrumentos musicales, bailar y mantener una conversación interesante sobre cualquier tema. Sin duda una mujer atractiva.

Las malas lenguas decían que ella tenía un sexto dedo en la mano y en el pie, pero esto es poco probable ya que en esa época (y en ésta también) tener algún signo de deformidad era relacionado con el diablo…

Vivió durante la primera temporada de su vida en la corte francesa como dama de compañía. Años más tarde, a su regreso a Inglaterra, una amistad de la familia le presenta a Henry Percy, hijo del conde de Northumberland, con el cual se enamora perdidamente y hace una promesa matrimonial, pero el cardenal Wolsey les prohíbe casarse, ya que Anne no tenía la nobleza necesaria.

En 1533, contrae matrimonio con el monarca Enrique VIII con quien tuvo una hija, Isabel.
Su matrimonio dura poco. Por problemas de celos inducidos y falsos testimonios, Enrique comienza a sospechar que Anne le estaba siendo infiel con el músico de su corte, algunos de sus amigos y con su propio cuñado, George Boleyn.

El 2 de mayo de 1536 es detenida y conducida a la Torre de Londres, y en su juicio es declarada culpable de adulterio, incesto, herejía, traición y actos contra el rey.

Fue ejecutada en la misma Torre de Londres con una espada, por un verdugo francés, ambos especialmente traídos de Calais para su muerte, el 19 de mayo de 1536 (mil días despúes de haber desposado a Enrique), antes de ello sus últimas palabras fueron para su verdugo: “No te daré mucho trabajo, tengo el cuello muy fino”. Fue sepultada en la cercana capilla de San-Pedro-ad-Vincula, en la Torre.

Desde entonces y por siglos (la última aparición habría sido en 1933) su espectro aparece regularmente por los pasillos de la Torre, a veces conduciendo una procesión en la capilla de San Pedro, otras veces, sola en distintos lugares de la vieja fortaleza.

Una de las manifestaciones más impresionantes del fantasma se produce en el invierno de 1864.
Una noche, un guardia es encontrado inconsciente. Acusado de haberse quedado dormido en su puesto, debe comparecer frente a un tribunal militar.

El hombre relata que al amanecer vio salir de la neblina una silueta blanca. Vestía un tocado, pero sin cabeza debajo, y se dirigió hacia él. Después de hacer las tres advertencias de rigor, el soldado se acercó a la silueta; pero cuando la bayoneta de su fusil la atravesó, un rayo se propagó a lo largo del cañón, y fue impactado por un fuerte golpe.
Todo esto parecería sólo una excusa de no ser por dos soldados y un oficial que habrían atestiguado, después de la declaración del acusado, haber visto al espectro por una ventana. Cuando se averiguó que la forma, en los cuatro casos, fue vista justo debajo de la ventana del cuarto en el que Anne Boleyn pasó su última noche antes de su ejecución, el tribunal optó por liberar al guardia.


· El misterio del Mary Celeste

El Mary Celeste es quiza el más célebre de los casos de barcos fantasmas.

Fué construído en Parrsborough, Nueva Escocia, en el año 1861. Era un bergantin goleta, con casco de madera y dos palos, con aparejo redondo en el palo trinquete, velas de estay entre éste y el mayor y escandalosa y compleja en el mayor.
Tenia 286 tons. de desplazamiento, con 30 metros de eslora y 7,6 de manga. Su nombre original era Amazon, luego Mary Sellars y al final, por un error tipográfico por parte del pintor, se convirtió en Mary Celeste.

El 7 de noviembre de 1872 zarpó de Nueva York con rumbo a Génova, a mando del capitán Benjamin S.Briggs, nacido en Marion, Massachussetts y 7 mimebros de la tripulacion, acompañados de la esposa de Briggs y su hijita de dos años.

Según el diario de a bordo, el bergantin llegó a las Azores el 24 de noviembre y a la noche siguiente se encontró con mal tiempo. No hay más anotaciones, pero en la pizarra del puente (donde se anotaban las diferentes posiciones antes de pasarlas al libro de navegacion) figuraba que el Mary Celeste se encontraba exactamente al nordeste de la isla de Santa María. Es todo un misterio lo que sucedió al barco desde entonces hasta que fué hallado a la deriva y sin nadie a bordo.

El 5 de diciembre de ese mismo año, el vigía de la nave británica Dei Gratia avistó un barco que parecía tener problemas. Tres tripulantes bajaron del Dei Gratia y remaron hasta el barco en peligro para ofrecerle ayuda. Treparon por la barandilla y llegaron a la cubierta; salvo por el sonido del viento en las velas y el inquietante crujido del maderamen, no se oía nada. Los marineros registraron el barco desde los mástiles hasta la bodega y lo encontraron en excelentes condiciones, pero no había ni un alma a bordo. La tripulación había desaparecido sin dejar rastro.

Después de los misteriosos sucesos, la carrera del Mary Celeste fue cuesta abajo. Fue puesta a venta varias veces (siempre por debajo de su valor) y todos sus dueños maldijeron su suerte por la mala fortuna que traía consigo ser propietario de un barco embrujado.


· El castillo de los bichos

En Villa del Parque, precisamente hablando, en Campana al 3200, cerca de las vías, se encuentra el Palacio de Villa del Parque o, como mejor se lo conoce, “El Castillo de los Bichos”, llamado así por sus molduras con formas de animales.

Este enigmático lugar perteneció a principios de Siglo XX a una familia de inmigrantes italianos, los Giordano.
Lucía, la única hija de los Giordanos, conoció a un violinista, Angel Lemos, y se enamoraron perdidamente.

Quienes conocieron a la joven muchacha coincidieron en afirmar que era una chica sensacional, de modales encantadores y que vivía en plena felicidad y total armonía con su entorno. Heredó de sus padres la abnegación y la sincera preocupación por el bien de los demás. Siempre que pudo colaboró con entidades de bien público y lo hizo sin ostentación evitando todo tipo de alabanzas.

Desafortunadamente, sus sueños no lograron concretarse, la fatalidad truncó todos sus deseos de formar un matrimonio bien consolidado, felíz y duradero.

Angel y Lucía se casaron el 1° de abril de 1911 y cientos de invitados disfrutaron del banquete. Gran cantidad de vecinos ocuparon la calle Campana y sus respectivas veredas, todos reunidos para desearle a la joven pareja expresiones de simpatía y augurios de felicidad y fortuna.

Transcurridas las primeras horas de la madrugada del 2 de abril, la pareja notó que el auto que los debía trasladar no estaba en la puerta, sino unos pasos más allá de la casona, cruzando las vías.
Aquel detalle les pareció menor y efímero, por lo que en medio de la oscuridad, comenzaron a caminar hasta el auto.

Desde las puertas del Castillo se pudo observar a los jóvenes que a pie realizaban el trayecto. Varias veces saludaron con los brazos en alto quienes los despedían. Esa fue la última imagen que la gente tuvo de Lucía y Angel, porque segundos después ocurriría lo inimaginable y terrorífico.

En esos momentos un tren rápido se desplazaba hacia la estación terminal de Retiro, por una de las vías de aquel solitario y oscuro sendero. Los novios no advirtieron la imprevista aparición de la locomotora y fueron embestidos violentamente perdiendo la vida en el acto.

Años mas tarde, cuando este terrible hecho pasó a convertirse en tan sólo un mal recuerdo, un chofer de tren que hacía su recorrido por las mismas vías de aquel desafortunado incidente, divisó a lo lejos dos formas traslucidas que brillaban tenuemente en el oscuro y lúgubre pasaje.
Asustado frenó de golpe pero el tren venía demasiado rápido y chocó a lo que él pensó que eran dos personas. Un hombre y una mujer.
Cuando se detuvo, el chofer bajó y con su linterna fue a corroborar lo sucedido pero no encontró rastros de nada.

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