La habitación número setenta y ocho (De magos, hechiceros)
por Pablo Zárate
En algún punto equidistante entre la línea del ecuador y el barrio de Banfield existe una casona de modestos colores y soberbios espacios.
Dentro de este edificio hay cien habitaciones y en cada una de estas se reúnen diferentes tipos de personajes peculiares. Una suerte de sindicato o club privado para aquellos seres que creíamos que sólo existían en fábulas o en sociedades extintas.
Hoy hablaré de la habitación número setenta y ocho. El lugar de reencuentro de aquellos olvidados con poderes misteriosos.
Se cree que todos los días pares, de esos meses impares — y sólo en aquellos años bisiestos en donde la cosecha de trigo taiwanesa haya sido generosa —, se reúnen en la habitación número setenta y ocho los excelentísimos integrantes de la HAMU; una sociedad cuasi secreta con enigmáticos y poderosos miembros.
Kalaad A. d’Ryl, es tal vez el integrante más sabio y poderoso de todos los hechiceros. Todos los miembros de la HAMU sienten un gran respeto por él y no hay quien atine a interrumpirlo cada vez que el anciano advierte alguna que otra verdad.
De Kalaad pueden decirse muchas cosas. Cosas buenas y cosas malas.
Las malas son más interesantes.
Aquellos integrantes renegados afirman que es más viejo que la misma inmortalidad.
Los alquimistas, por ejemplo, han confesado en entrevistas secretas que Kalaad presenció la caída de la Torre de Babel y el ascenso — y descenso — de algunos emperadores romanos.
Los magos, por otro lado, sostienen con seguridad que Kalaad se estuvo paseando por nuestro suelo nacional el mismo día que el ex presidente Raúl Alfonsín profesó las nefastas palabras “La casa está en orden”.
Se ha dicho por ahí que el romántico de Mercedes, Günther Smith, le pidió una vez a Kalaad un encanto para enamorar a Susana Lebenstein, una joven compañera de facultad de quien estaba perdidamente enamorado. Susana — como es usual en este tipo de anécdotas — le era indiferente.
Por costumbre y algo de educación, el viejo hechicero le escapó a esa petición lo más que pudo, pero la insistencia de Günter pudo más.
Kalaad le prometió ayudarlo pero bajo una terrible condición.
— El precio que te pido es justo pero alto. El corazón de Susana te costará otros corazones.
— Mmm, no. Mejor no. No creo que me convenga, muchas gracias y buenas tardes. — dijo Günther, mientras daba media vuelta y se perdía para siempre…
Por lo general las reuniones de la HAMU son temáticas según calendario. Es decir, si por capricho zodiacal el encuentro cae un día lunes, los miembros están obligados a practicar la telepatía e intercambiar así sus pensamientos y opiniones. Quien se atreva a producir algún sonido será convertido inmediatamente en sapo, víbora o algún otro animal rastrero.
Si llegara a ser un martes, la temática es más simple. La consigna los obliga a vestirse de blanco y por medio de técnicas esotéricas — como la tintura — deben cambiar los colores de sus prendas.
Los miércoles son sobre habilidades lingüísticas. Aquel que realice un gualicho, sobre cualquier objeto o persona, en menos de tres oraciones, elige la temática para una próxima reunión. Los miércoles suelen decepcionar. Nadie logra conjurar ningún encanto en menos de tres oraciones.
Si la reunión llegara a ser un jueves, los miembros de la HAMU se ven obligados a desmitificar algunas creencias populares por medio de químicos y palabras mágicas. Es el único día en donde los hechiceros y los magos trabajan junto a los alquimistas para realizar jarabes y pociones mágicas que luego arrojarán a las reservas de agua del país.
Los casos de éxito más conocidos son el de los ojos purpúreos para detectar a las brujas y el mito del grisín, el huevo duro y el martillo para eliminar a la lombriz solitaria.
Los viernes son de fiesta y cena. Los miembros se emborrachan mientras se deleitan con los manjares más exquisitos. En el postre, los más graciosos del grupo, suelen jugar bromas pesadas a los nuevos integrantes. Es una suerte de iniciación.
Los sábados y domingos son días de reposo y meditación. El grupo se divide en tres (hechiceros, magos y alquimistas) para meditar juntos y llegar así a la perfección. Es sabido que esto nunca ocurre y por lo general los sábados y domingos suelen ser una repeticion de los viernes.
Por estas épocas ateas y escepticas, los tremendos poderes de los hechiceros, magos y alquimistas se han visto disminuidos…
Ya nadie comenta por las calles las artimañas de algún mago juguetón, los intentos frustrados de convertir plomo en oro o los encantos para hechizar a alguna muchacha con falsas promesas de amor.
“La modernidad asesinó a la fantasía, y dado que nos sentimos obligados a creer en la realidad de lo tangible hemos optado por hacer falsas las palabras mágicas y las frases encantadoras.”
Kalaad A. d’Ryl Dixit.
La palabra de ustedes
Pero qué itinerario más interesante.
Dan ganas de despotricar contra la normalidad y hacer cosas ficticias.
Lleno de magia, para variar.
:_)
Besos.
quiero ser un hechicero
Quien no?
Yo no.
gracias por develar misterioso conjuro…78=6 misma migracion del tiempo no os parece
oraleeee poz seria cali ser hechicero…..ami me gustaria..
buenp,,kisiera conoser a alguien asi pa q me ayude…xq aveces yo pido ks y esas ks se acen realidad,,
uu a mi = me encantaria ser hechisero
y todo eso , lastima k ya no se si en verdad existan o no
pero weeee
me encanta y fasina la fantasia
y las cosas ficticias
Mario… por favor, regrese a la escuela y aprenda a escribir bien.
Gracias por su comentario.
wow wow yo si quisiera ser hechizero, aparte que tenia una abuela que practicaba
la hechizeria blanca jejej