2008, Jun.. 16. Publicado por Pablo a las 09:58 pm
El ego no siempre me lleva por los sinuosos caminos de la vanidad, sino que a veces me hace transitar rumbos de diversa autosuperación.
Someto a todos mis trabajos y proyectos a diversas pruebas de dificultad creciente. Si sobreviven, entonces saldrán a la luz pública para que la masa se encargue de glorificarlos o repudiarlos.
No es algo nuevo. Siempre lo sostuve, soy mi peor crítico.
Analizo todo mi accionar de la manera más rigurosa. Las fallas no están permitidas.
Ya sea por gloria o por repudio, siento que mi trabajo cumplió con su destino. El cual era ganarme.
Aquellos que creen en que el esfuerzo es más importante que el resultado, pensarán en esto como un defecto más que en una virtud. No los culpo, suelo permitirle fallas a los demás.


Tengo que decirlo che, me c**o en el esfuerzo.
Lo pongo en términos molestamente matemáticos: Frente a un resultado X, la cantidad de esfuerzo es inversamente proporcional a la calidad del realizador.
No es muy descabellado, no? Si 2 tipos obtienen resultados similes, yo creo que aquel al que le costó menos debe de ser mejor… Pero bueno, yo uso el sentido común, que no siempre es de uso popular.