Hades, Perséfone y el motivo del Invierno

por Pablo Zárate

Me permitiré narrar — quizás con palabras más acertadas — un hecho del que fui partícipe hace ya algunos años.

Un grupo de muchachitas, a quienes llamaremos “las ninfas de las incógnitas“, decidió someterme a una serie de preguntas de índole pretencioso.
La veracidad de las respuestas no era de gran importancia, la unica condición era que aquello que yo contestase debia ser narrado en forma de historia.
Es decir, poseer una introducción, un nudo y un desenlace.

La pregunta consistía en porqué existe el invierno. Y la historia que narré decía mas o menos así…

Se dice que del amorío entre Zeus1 y Deméter2 nació una niña llamada Perséfone.

La bella Perséfone no pensaba en el amor o en el matrimonio, ya que estaba demasiado ocupada ayudando a su madre a recoger las cosechas cada año.

Un día, Hades3, paseando por esos pagos, se fijó en Perséfone y el orden natural de todas las cosas se vió alterado.

Lo cierto es que Hades estaba muy enamorado. Y todos sabemos como son los enamorados, padecen de egoísmo y suelen ejecutar decisiones poco inteligentes.
Los dioses de la era clásica, no eran ajenos a estos síntomas.

Deméter necesitaba de su hija para hacer fértiles las plantas de la Tierra. Por lo tanto todo el mundo sabía que ella negaría el permiso de cortejar a Perséfone por miedo a perderla.

Hades, al tanto de esa situación, decidió obrar de manera clandestina…
Un día, mientras Perséfone se encontraba sóla recogiendo flores junto a unas ninfas, un gran agujero se abrió delante de ella.
Mitad por curiosidad, mitad por comodidad histórica, Perséfone se asomó por el agujero y de la nada Hades se le apareció raptándola y llevándola a los infiernos4.

Al darse cuenta de la desaparición de su hija, Deméter se afligió y la buscó por todo el mundo.
El caso es que en semejante travesía olvidó recoger las cosechas y descuidó un poco la Tierra, ocasionando que poco a poco las plantas se secaran y muriesen.

Abro paréntesis…

Se dice que Deméter resignó su búsqueda en Eleusis, donde descansó sobre un bloque de piedra que desde entonces se lo conoce como la “Piedra sin Alegría“.
Allí Helios — el sol, que todo lo ve — le contó lo que había sucedido.

Cierro paréntesis…

Zeus se dio cuenta que si las cosas seguían de aquella forma, la tierra y sus habitantes pronto morirían. Por lo cual, en un acto fraternal, habló con Hades y le pidió de manera amable que le entregara a Perséfone. Hades, que continuaba enamorado, hizo berrinches de niño chiquito y se negó.

No quedando otra opción, Zeus ordenó a Hermes a que fuese al infierno y rescatara a Perséfone.
Hermes aceptó la misión y se tomó el colectivo que lo dejaba en la esquina del infierno. Una vez allí, habló con Hades lograndolo convencer.
La única condición que se puso para liberar a Perséfone fue que no probase bocado alguno en todo el trayecto de regreso a la Tierra.

Todos conocemos como sigue esta historia…
Hades se las rebuscó para que Perséfone comiera seis semillas de granada condenandola para que pasara mitad de año en la Tierra, ayudando a su madre con las cosechas, y la otra mitad en los infiernos, cumpliendo sus debéres conyugales.

Durante los seis meses que Perséfone pasaba en los infiernos, la Tierra sufría de una “muerte temporal“…
En estos tiempos modernos, nosotros llamamos a ese fenómeno: Invierno.

Para finalizar, y fuera de programa, el tema que ilustrará esta breve y fantástica explicación del invierno es una pieza clásica titulada “Penas de amor” de Fritz Kreisler.
El nombre lo dice todo, claramente habla de lo que pensó Deméter al enterarse quién iba a ser su yerno.

  1. Dios del Olimpo []
  2. Diosa olimpiana de la tierra, las plantas y la agricultura. Hija de Cronos y Rea []
  3. Dios de los infiernos []
  4. Allí abajo, Hades la convertiría en su esposa y, por consecuencia, en la Reina de los Infiernos []