Puertas

por Pablo Zárate

PuertaEs de saber popular sobre los enigmas ocultos que poseen algunas puertas. No todas son tan inofensivas como parecen.

En la antigüedad clásica se demuestran hechos de sus características mágicas y, en algunos casos, maléficas.

Los egipcios evitaban las puertas a toda costa. Para separar una habitación de otra se las ingeniaban con modestas cortinas o bien pintando un marco de color en ambos lados del cuarto.
Cada color diferenciaba el adentro del afuera.

Günther Smith, el romántico de Mercedes, en sus típicos domingos de asado siempre encontraba la oportunidad de contar un episodio que padeció la primera vez que su padre lo llevó al club de Hechiceros, Alquimistas y Magos.

Me tomaré la libertad de transcribir parte de la historia:

El club dónde residen estos extraños caballeros es una casona de aspecto muy lúgubre. Parece sacado de una película de horror.

Algunos afirman que la cantidad de habitaciones que posee equivale a la cantidad de cabellos que tenía “La Dama del Lago”. Otros, en cambio, dicen que en realidad es una sola habitación pero con la facultad de moverse y repartirse constantemente en toda el área que ocupa la casa.

Lo cierto es que la cantidad de habitaciones no son importantes, sino sus puertas.

Todas son iguales y ninguna te lleva al mismo lugar dos veces seguidas. Hay puertas que te conducen al pasado, otras al futuro; están las que te lleva a una zona imaginaria y hay otras que te dirigen al baño público de la cancha de Racing.

Los mismos miembros del club se pierden constantemente y muchos no son vistos por largos períodos.

Me gusta creer en el valor poético de este lugar. La casona y sus habitaciones son el Universo y todas sus puertas, los paradigmas y los misterios.

¿Y acaso no se trata de eso la vida? ¿De abrir puertas? ¿De perderse por pasillos de incertidumbre hasta dar con la habitación de la certeza?

Aquellos que tienen poco que ofrecer siguen creyendo que una puerta es un objeto de madera con picaporte. Son el tipo de gente que se queda con esquemas aburridos para conseguir una falsa sensación de seguridad.

Supongo que ahora sabemos cómo distinguir a los que están afuera de los que están adentro.