He de confesar que tuve un sueño espeluznante.
Estaba solo y me encontraba siendo atacado por serpientes, escorpiones y otros animales poco nobles.
Como es común en este tipo de sueños, la sensación que se respiraba era la desesperación y las ganas de huir.
Sentía que la unica salvación era traspasar una puerta que estaba mi izquierda.
Una puerta que me alejaba de todo y me conducía al olvido. Eso no me gustó.
Un detalle menor que debo destacar, en la alfombra de bienvenida se podía leer una inscripción macabra: “Lasciate ogni speranza voi ch’entrate“.
Supongo que el Dante quiso sumar tormentos a mi sueño.
Me entregué a mi suerte con esos animales y rogué despertar pronto.
No hay nada peor que ser olvidado.
En el barrio de Avellaneda, siendo más específico sobre la Avenida Manuel Belgrano, existe una modesta plaza por sobre la cual se eleva una torre de considerable altura. Alli mismo habita un espíritu quejoso.
A diferencia de los fantasmas comunes, un espíritu no siempre es el eco de un lamento en vida, sino — cómo lo es en este caso — también el lamento de un ideal olvidado.
Se dice que en algunas noches de otoño, en el revoloteo de las hojas, se puede oir el lloriqueo de un ente espectral.
Aquellos poetas que aún creen en apariciones juran conocer el significado de esas penas. Incluso muchos de ellos, en su hábito literario, escribieron humildes versos en su honor.
En las paredes de la torre aún pueden leerse algunos:
“Barrilete querido, de mis esperanzas pendientes…
Al vuelo de tus pétalos de colores, encuentro aferradas mis ilusiones” G.S.
“Una lágrima en el suelo esconde el valle del tiempo.
Allí están secuestradas nuestras risas perdidas y nuestros juegos olvidados” S.M
El cuidador del carrusel afirma que este espíritu a veces toma la forma de una niña tímida y triste. La pequeña tiende a sollozar cuando alguien le pregunta qué le sucede.
Los abuelos que juegan a las bochas relatan a sus nietos infinidad de cuentos sobre las apariciones del espíritu. Muchos de ellos cuentan estas historias para que los niños sufran de pánico en la oscuridad de sus cuartos. Otros, en cambio, lo hacen para preservar intacta la imaginación de los mas jóvenes.
En la torre de la plaza Avellaneda, habita un espíritu triste que llora en soledad. Un ente apenado por los juegos que ya no se juegan y las risas que ya no inundan el arenero de carcajadas.
Es un espíritu que extraña las vueltas de la calesita y el sano vértigo del sube y baja.
Es el recuerdo olvidado del tiempo fugitivo… o tan sólo el llanto perdido del momento en que la modernidad decidió abolir la niñez.
El Artista divisó a lo lejos los muros de una ciudad amurallada y se dispuso a ir a la ciudad.
Allí, un grupo de lugareños extrañamente conocidos lo invitaron a recorrer las calles. Y el Artista caminó.
Una vez perdido, un coro de musas molestas se le acercaron para guiarlo rumbo a regiones oscuras. Un lugar donde el tiempo se confunde y los ayeres toman el lugar del ahora.
Andando por calles de olvido, ciertos fantasmas con voces amistosas me ofrecen su compañía. – Pensó – Sin desearlo me someto a sus vulgaridades con gestos de cínico arrepentido.
- II – El coro comienza a cantar
Va el caminante con pasos en falso…
falsos de honestidad, falsos de rigor…
falsos en el hoy que lo lleva al pasado.
El camino se justifica por los caminantes que lo transitan…
Piense en las calles o en sus esquinas.
No se detenga al ver caras conocidas…
- III -
El Artista caminó y salió de la ciudad.
Siguiendo en su andar, vio a lo lejos los muros de otra ciudad amurallada y se dispuso a ir a la ciudad.
Allí, un grupo de vecinos desagradablemente amables, lo invitaron a recorrer las calles. Y el Artista caminó.
- IV – El canto final del coro
Recuerde al Caronte de sus historias pasadas…
Recuerde al poeta maldito envenenado de ego…
No se olvide nunca de la copa divina
y beba de ella su licor de Agonía…
Visite de nuevo su prado hipotecado…
Aquel de manzanas podridas y mediocres perdonados…
Reviva su odio a falsos burgueses…
Pues no hay nada más pasional que los años perdidos y marchitos.
Camine caminante, camine.
Sienta de nuevo… apasiónese de nuevo.
Pues, sin pasión… usted estaría muerto.
- V -
El Artista se perdió entre el ayer y el hoy. Se mezcló con sus sombras y se hizo uno con el olvido.
Es allí donde radica la muerte, mientras que ángeles y demonios danzan con la música del pasado.
Allí. En esa ciudad amurallada de recuerdos sin dueños.
Era de noche y estaba olvidado, mi mente y mis recuerdos: mi única compañía… a grito desesperado alcé mi pluma, para que su tinta desangrara mis crónicas absurdas.
Ellas: Tenemos una pregunta. Si la condición humana es trágica y la tragedia una motivación recurrente para el Artista. ¿Qué sucede con aquellas personas que no sienten la necesidad del ejercicio artístico?
La figura del conductor de automóviles es realmente vil. Son pocas las criaturas que se acercan a su mala actitud hacia la vida.
Manejar un auto es, tal vez, una de las tareas modernas con más eco1 hoy en día. Un eco que nace por culpa de aquellos irresponsables que no conducen como debieran. Porque como dicen por ahí, saber manejar no es lo mismo que saber conducir.
Después de cada cena – y justo antes del postre–, Zenón Santilán tenía por costumbre hablar de los conductores y de las anécdotas que vivió junto a ellos.
De aquellas charlas, salieron muchas de las condiciones por la cual un conductor es reconocido.
Transcribiré las más interesantes:
El que maneja un auto no puede ser un ser pasivo y amable, sino todo lo contrario. Debe ser visceral, estar siempre enojado y maldecir su suerte a cada instante.
Son abusivos
Lo único que saben hacer muy bien es resaltar exageradamente los errores de los otros conductores
Cuando comete algún error de tránsito, su accionar puede dividirse en dos posiblidades:
A.- Insultar al aire, con un dejo de autocrítica, para sentirse no tan disminuido.
B.- Insultar a algun medio externo, o bien algún tercero y culparlo por obligarlo a realizar una maniobra incorrecta.
De ser hombre, un conductor destaca gratuitamente la ineficacia de las mujeres al manejar.
De ser mujer, menosprecia al hombre por sus opiniones machistas.
Ningun conductor sabe usar la bocina.
Los que la saben usar, para disimular, la utilizan mal.
El motivo por el cual no pisan intencionalmente al peatón que no cruza correctamente, es porque no es moralmente aceptado.
El romántico de mercedes, Günther Smith, reflexionó mucho sobre el tema en su libro “Como ser conductor y buena persona sin morir en el intento“.
Decía Günther:
– Intenté escribir este libro a modo de ensayo, en donde se dictaminen pautas para no caer en la desgracia de ser un conductor mal humorado. Pero lamentablemente no tuve éxito.
El ensayo terminó siendo una novela cuyo personaje principal muere por culpa de la impotencia que significa vivir en la contradicción. –
Sebastian Moon fue la única persona que compró ese libro. No lo entendió.
Eco que proviene de las bocinas, de los accidentes, de las quejas, de las penas y del mal control por parte de las autoridades [↩]
Ejemplo sólo aplicable a los taxistas, que siempre viajan con la ventanilla baja [↩]
He regresado de mis vacaciones con la grata noticia de que mi web, PabloZárate.com, ha sido mencionada en la Galería de sitios web CSSMania.com
Esta es la segunda vez que aparezco dentro de este directorio, el cual está formado por trabajos de diseñadores web de todo el mundo.
Entrando acá tienen más información y una especie de sistema de votación. No se bien para que se está votando, pero si les sobra un click, con gusto se los acepto.
El amigo Arquímedes, como muchos de Uds. sabrán, nació en Siracusa allá por el año 287 A.C.; por aquel entonces aquellas tierras formaban parte de la Magna Grecia.
Arquímedes estuvo ligado con las ciencias desde pequeño, cuentan los cronistas que solía escuchar mucho a su padre quien era un astrónomo muy respetado1. Sin ir más lejos, fue su padre quien logró hacerlo estudiar en Alejandría, donde permaneció por mucho tiempo nutriéndose de saberes antes de regresar a su Siracusa natal.
Para el mundo de las ciencias y de las matemáticas, Arquímedes marca un antes y un después porque fue el primero en aplicar aquellos conocimientos a los hechos y problemas de la vida diaria.
Para que nos demos una idea, todos los matemáticos griegos anteriores a él (Thales, Pitágoras, etc.) concebían las matemáticas como una entidad abstracta que carecía de aplicaciones prácticas2. Antes de Arquímedes, los axiomas aritméticos, es decir los enunciados de carácter general, eran para aquellos pensadores tan evidentes que no necesitaban demostración alguna.
Abro un paréntesis porque es importante entender una cosa sobre los pensadores griegos.
Ellos dividían el pensamiento de la acción, es decir, todo aquello que se hacía con las manos era en cierta medida despreciable; por este simple motivo, la técnica no progresó del mismo modo que las ideas.
Esta es una de las explicaciones más simples por la cual la tecnología como hoy la entendemos se asomó tan tarde en la historia.
Si los griegos hubiesen puesto la misma dedicación sobre las aplicaciones concretas como lo hacían sobre los pensamientos abstractos, el presente sería otro… tal vez mucho más parecido al futuro que nos prometían algunas películas de ciencia ficción de la era dorada de Hollywood.
A través de elaborados cálculos Arquímedes pensó y creó muchísimos aparatos, algunos de ellos bélicos y otros no tanto. Por alguna extraña razón nunca se atrevió a dejar pruebas escritas de sus invenciones, cuentan que solía quemar todos sus registros una vez terminada la fabricación de alguna de sus ideas.
La única salvedad de la que estoy al tanto, fue la descripción de un dispositivo capaz de imitar los movimientos celestes del sol, la luna y los planetas.
Uno de los primeros hallazgos de Arquímedes, fue la teoría que explica la mecánica básica de la palanca. Si bien era cierto –decía Arquímedes– que un individuo disponía de una cantidad restringida de fuerza, la distancia carecía de fronteras y bastaba con fabricar una palanca lo suficientemente larga tirar hacia abajo el brazo mayor para que del lado más corto pudiera levantarse cualquier peso.
Conforme a este principio, la distancia se convierte en fuerza.
Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo– Arquímedes.
Su descubrimiento más famoso trae consigo una anécdota interesante.
Resulta que el rey Hierón le dio una suma importante de oro a un orfebre para que este le hiciera una corona. Al tiempo de entregársela, el rey tuvo una extraña sospecha porque pensaba que el orfebre podía haberse guardado parte del oro que le había entregado y haberlo sustituido por plata o cobre.
Intrigado, entonces, el rey encargó a Arquímedes a averiguar si la corona era de oro puro pero sin estropearla. Hierón le puso la condición de que no destruyera la corona en el intento de averiguar de qué material estaba fabricada. Un piola bárbaro…
Arquímedes, ante la imposibilidad de romper o siquiera partir un pedazo de la corona para poder averiguar con que material estaba realmente construido, entró en un estado de estrés significativo.
Le dio vueltas al asunto sin poder llegar a una solución. El matemático sabía que el cobre y la plata son más livianos que el oro, por lo tanto, si el orfebre hubiese añadido cualquiera de esos metales, la corona ocuparía un espacio mayor que el de un peso equivalente en oro.
Conociendo el espacio ocupado por la corona, es decir, su volumen; Arquímedes podía darle una respuesta al rey.
El problema, sin embargo, era que él no sabía cómo averiguar el volumen de un objeto sin transformarlo en una masa compacta.
Hasta que un día, mientras disfrutaba de un baño en un espacio público3, Arquímedes advirtió que cada vez que entraba una nueva persona al piletón, parte del agua se derramaba por el borde. Gracias a esto pudo intuir que el volumen de agua desplazada tenía que ser igual al volumen del cuerpo sumergido.
Estaba tan eufórico por su descubrimiento que salió desnudo del baño y corrió hasta su casa gritando “¡Eureka! ¡eureka!”4.
Ya en su casa, llenó de agua un recipiente, metió allí la corona y luego midió el volumen del agua desplazada.
Después repitió el mismo experimento pero con un peso igual de oro puro y entendió que el volumen desplazado de agua era menor. Esto quiere decir que el oro de la corona había sido mezclado con un metal más ligero, lo cual le daba un volumen mayor, y hacía que la cantidad de agua que rebalsara fuera también mayor.
El rey ordenó la ejecución del orfebre.
En el año 218 A.C. Cártago y Roma se declararon en guerra. Aníbal invadió Italia y todo indicaba que iba a destruir Roma.
Si bien Siracusa se mantuvo neutral, al morir Hierón, los soldados cayeron rápidamente a la ciudad.
Arquímedes, ya anciano, se encontraba resolviendo un problema matemático mediante gráficos que hizo en el suelo cuando de la nada un soldado le ordenó que se rindiera.
El matemático no le prestó mucha atención y le dijo que vaya a molestar a otro.
La espada del soldado puso fin a la vida de Arquímedes de Siracusa.
Pues bien, a diferencia de lo que la mayoría cree, no existen muchas canciones que hablen sobre el protagonista de esta historia. Originalmente me hubiese gustado poner la canción de Les Luthiers, “El calypso de Arquímedes”, pero no la encontré en youtube.
Por lo tanto – y fuera de programa – les traigo otra canción que poco tiene que ver con la obra de Arquímedes, pero que mucho tiene que ver con la matemática.
Con Uds., el teorema de Thales, explicado con gráficos y acompañado por el talento inigualable de Les Luthiers.
Respetado porque era pariente de Hierón II, rey / tirano de Siracusa [↩]
Para estos matemáticos, las aplicaciones prácticas eran asuntos de mercaderes y esclavos [↩]
Los griegos acostumbraban bañarse en baños públicos, algo así como piletas enormes [↩]
Primera persona del singular del pretérito perfecto del verbo griego eurisko, (εὑρίσκω), que significa “encontrar” [↩]
Hace unos meses había comentado que tanto este blog como mi web personal habían resultado finalistas para los premios Arroba de Oro.
Lamentablemente “Te cuento una historia?” no llegó a la etapa definitiva, pero mi portfolio sí.
Fue realmente una sorpresa grata. DDAC.com.ar terminó siendo nominada a no 1, no 2, sino 3 categorías: Sitio pesonal, Mejor Portada y Máximo sitio ganador1.
Terminé ganando 2 de las 3 nominaciones y aún no lo puedo creer. No esperaba semejante resultado.
Creo que es imposible estar más contento. Se siente bien ser reconocido por el trabajo que a uno le gusta hacer.
Es una gran ayuda al eje motivador que requiere toda profesión, hobby o actividad.
Asique… sólo para compartir y dejar registrado en algún lugar este hecho, voy a poner links a las notas sobre el evento y las fotos.
Siempre hubo costumbres bien marcadas sobre el cuidado superficial de las personas.
Según cronistas amantes de las historias que poco tienen que ver con las políticas o los cambios revolucionarios, la belleza y el aseo personal han sido mañosos desde mucho antes de que existieran palabras que las denominaran.
Tratados sobre el buen gusto, la belleza y el cómo lavarse han sido temas antiquísimos entre las sociedades. Incluso hay libros que hablan del tema y que datan desde épocas tan lejanas como la edad clásica o la edad media.
Entre todos los descubrimientos arqueológicos conocidos hoy en día, se pueden encontrar recetas para cosméticos, instrumentos de belleza e incluso libros y textos con consejos sobre estos menesteres.
Las prostitutas griegas, por ejemplo, se cubrían sus rostros con miel para así mantenerlo sanos, frescos y dulces.
Sin ir mas lejos, en otro punto clásico de la historia, todos nosotros conocemos la afición de Cleopatra por sus baños en leche de burra para mantener su piel en perfecto estado.
En el Siglo XVII las mujeres de Francia tenían un gusto obsesivo por mantener su tez tan blanca como les fuera posible. Lo cual es curioso, dado que en esos tiempos la moda en el resto de Europa era el uso excesivo de colores, sobre todo en las mejillas.
Según dicen, para lograr este efecto blanco Ala, las francesitas usaban todo tipo de combinaciones extrañas a base de pepino, azufre, tiza y cal. Las consecuencias eran terribles.
Cuentan que La Duquesa Laurie Maummet, como muchas otras mujeres nobles, se ponía esa mezcla en la cara para ir a las fiestas cortesanas y luego parece que tenía que desaparecer de la vista pública durante largas temporadas para recomponer su rostro de las quemaduras y la sequedad.
O sea que por una noche de buen aspecto, tenían que pasarse varios meses escondidas recomponiendo los desastres que esa mezcla provocaba en la piel.
Desde luego existían blanqueadores menos fuertes e incluso menos nocivos. Uno de los más famosos poseía tratamientos muy cercanos a los brebajes mágicos o conjuros de viejos alquimistas.
La receta de este producto consistía en poner dentro de un frasco de vidrio una mezcla hecha con:
Luego, para que su resultado sea eficaz, debían dejar descansar el frasco durante un mes completo bajo el sol de verano. Solo así daría los resultados deseados.
Otro dato curioso sobre lo que les era bello a las francesas eran los lunares artificiales.
Las mujeres acostumbraban a comprarlos y ubicarlos en cierta región de su cara. Incluso se dice que había un mensaje oculto según la posición en donde se ubicara el lunar2.
La muchacha que se ponía el lunar debajo del ojo izquierdo, estaba comprometida. En cambio la que se lo ponía sobre el lado derecho, buscaba novio y las casadas, por lo general, en el mentón.
Las confusiones llegaban cuando, por esas casualidades, las minas llevaban más de dos o tres sobre su rostro.
El gusto por los falsos lunares fue tal, que las mujeres acostumbraron a dibujárselos. Se ponían 7 u 8 en toda la superficie de la cara.
Este excesivo gusto por los puntitos disgustó mucho al orador francés Jean Baptiste Massillon, quien en uno de sus sermones en contra de estas costumbres estéticas dijo:
– Lo único que falta es que se pongan lunares en la pechuga –
No pasó mucho tiempo para que las damas de la alta sociedad hicieran caso a la sugerencia que el predicador escondía en su crítica.
Se lo llamó el lunar de Massillon.
Los hombres tampoco se quedaron atrás. También existían productos igual de pintorescos que los blanqueadores de piel, como elíxires para la caída del cabello o pociones a base de cáscaras de huevo, vinagre y excremento de gato para la depilación definitiva en ciertas zonas poco gentiles.
Fue Luis XIII, hijo de Enrique IV, el que estableció la moda de la peluca para hombres. Resulta que se había quedado pelado siendo muy joven y se puso una de esas pelucas blancas tan conocidas.
Esta moda duró hasta poco después de la revolución francesa.
En otro orden de cosas, uno de los secretos más divertidos que tenían los franceses para aromatizar un salón antes de alguna fiesta o gala, consistía en llenarle la boca a alguna criada con algún perfume para que luego ellas, con una técnica muy especial, logren esparcir de manera democrática el aroma por todo el lugar.
No pasaron muchos años hasta que los franceses descubrieran el vaporizador.
Finalizando – y fuera de programa – he buscado por los mares del ciberespacio una corta canción dedicada en contra de la decrepitud que otorga el paso del tiempo o que por lo menos hable de las costumbres cosméticas en la Francia del Siglo XVII.
Y cuando uno habla del paso del tiempo y de las caras blancas, solo un artista está a la altura de las circustancias.
Sin más preámbulos, aquí está el delgado Duque Blanco interpretando un tema dedicado a los lunares de las damas parisinas y el martirio perfumado de las criadas de los palacios. “Life on Mars?” por David Bowie.